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Que rico trio.

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viernes, 26 de diciembre de 2014

NUEVO "RELATO" Y NUEVO "VIDEO"

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"NUEVO RELATO"

En el nombre del padre

Aquella noche en el templo era fría y oscura, casi tanto como el carácter del padre Rodolfo, quien se estremecía en lo más profundo de su sueño en una adusta habitación. Él nació en una ranchería miserable del Estado de México y su familia, fervorosamente católica, festejó la decisión de Rodolfo para formarse como sacerdote. Rodolfo siempre fue un niño conflictivo; además de ser hostil y agresivo, cuando estaba en reposo no escondía su frustración y resentimiento contra su condición, la miseria material la encarnó y se hundió en lo más profundo de sus entrañas. Envidiaba lo que poseían sus vecinos, reñía a la menor provocación por un espacio insignificante, y eso conflictuó mucho sus relaciones con los demás niños. En la adolescencia, padeció además el rechazo de sus compañeros por su forma de ser, además de su fealdad. Pero todo eso era aún más problemático debido a su mayor secreto: su homosexualidad. Antes de ingresar al seminario tuvo por menos de un mes una relación con una muchacha gorda de su pueblo, fea y acomplejada, padeció la frustración de Rodolfo quien la trató con un machismo que pretendía ocultar su homosexualidad, y cuando María, aquella novia, le incitaba a tener intimidad, Rodolfo reaccionaba con ira ante la impotencia para responder. Pero ese panorama miserable se tornó en cuanto ingresó al seminario, bajo la tutela del más poderoso: Marcial Maciel. 
En cuanto Rodolfo conoció a Maciel quedó asombrado por el poder que alcanzaba este siniestro personaje. Rodolfo, a diferencia de otros, no padeció el abuso sexual de Maciel sino que lo provocó. Cuando otros niños quedaron traumatizados por la experiencia, Rodolfo participó interesado, complaciente, deseoso de las peticiones de Maciel, siempre dispuesto a satisfacer sus apetencias sexuales. A los 15 años participó de una violación masiva que Maciel organizó con otros seis curas para participar de una orgía con adolescentes y niños del seminario. Rodolfo desde esa vez se convirtió en el favorito de Maciel, por su habilidad para mamar verga, y siempre recordaron juntos aquella experiencia en la que Rodolfo fue penetrado por otro cura mientras le mamaba la verga a Maciel y los tres se vinieron juntos, fue la primera venida de Rodolfo. 
Cuando Rodolfo se convirtió en cura y dejó el seminario, evidentemente con todos los privilegios que le dio ser la nalga favorita de Maciel, se fue a encabezar una iglesia en Zacatecas. De ahí pasó a Aguascalientes, luego a Saltillo, y finalmente se asentó un buen tiempo en Guadalajara, antes de llegar al DF. En todos estos lugares Rodolfo siempre rechazó a las mujeres que se le ofrecían, para, como es costumbre, ser las amantes clandestinas del cura. Por lo mismo, Rofolfo nunca tuvo "sobrinos ni ahijados". En cambio, siempre se las arregló para estar rodeado de jóvenes mancebos a los que sodomizaba. Por lo mismo se vio rodeado de arreglos oscuros con las familias a las que compraba su silencio para no manchar la imagen de la santa madre iglesia católica. Sobra mencionar que tampoco se aprovechaba, como otros, de las monjas para obligarlas a participar de orgías y depravaciones sexuales.
Sin embargo, en una ocasión en la que Rodolfo entraba en el confesionario con un jovencito para obligarlo a darme una mamada, vio que una monja estaba saliendo del mismo. Le extrañó que en el confesionario hubiera gotas lechosas espesas, sin duda era semen. ¿De dónde habría salido? ¿Cómo es posible que esa monja hubiera dejado semen en el confesionario? Sospechó Rodolfo que antes había estado ahí un hombre con ella. Se encabronó ya que, embriagado de poder, sólo toleraba una figura "masculina" o más bien de autoridad en su templo. "Pinche vieja puta", pensó.
Desde esa vez Rodolfo tuvo en la mira a la monja cachonda, sor Montserrat. La espiaba para tomarla in fraganti, con las manos en la masa, o mejor dicho en la ñonga; la observaba detenidamente, le desagradada los piropos que recibía de otras monjas y sobre todo de los ojos masculinos que llegaban a visitar la iglesia y echaban miradas lascivas a sor Montserrat, que con una carita de ángel cautivaba a todo mundo. En alguna ocasión, mientras se llevaba a otro muchachito al cuarto, con la intención de cogérselo y obligar al joven a tragarse su semen, escuchó gemidos en la bodega. Mandó al chamaco al cuarto, y se aproximó. Con cuidado entrabrió la puerta y se quedó atónito de lo que vio.
Sor Montserrat con el hábito levantado masturbándose, pero lo más sorprendente es que esa monja de cara hermosa tenía una tremenda verga erecta. Rodolfo miró  a la devota haciéndose una deliciosa chaqueta con la mano derecha, mientras con la izquierda se frotaba las chiches. Vaya, las chichotas, porque Sor Montserrat tenía unas chichotas redondas blancas, con unos pezones oscuros grandes, una exquisitez. Sor Montserrat tenía los ojos cerrados, disfrutaba su chaqueta, y se relamia los labios. Qué tremendo misterio sería saber qué imaginaba sor Montserrat mientras se masturbaba tan sabroso.
Rodolfo quedó extasiado, ver a esa vergota dura lo puso a mil. Se esperó hasta que la mamacita acabara, y al ver caer los chorros de esperma al piso de madera, cerró con cuidado, antes de que la monja caliente abriera sus ojos.
La noche siguiente Rodolfo no pidió mancebo. Le pidió a la madre superiora que le enviara a Sor Montserrat, para sorpresa de todo el mundo. ¿Será que se quiere volver machito? Bromearon las monjas.
Sor Montserrat se quedó helada. ¿Para qué la quería el padre? Todo mundo sabe que es joto. Le aterraba la idea de que le fuera a pedir sexo, y que se descubirera a su vez su secreto, que "ella", la monja, tenía una buena verga entre las piernas. Pero sería más sospechoso negarse a ir, y finalmente confiaba en que él era puto y no le gustaban las hembras. Fue con paso firme. Tocó la puerta y escuhó: "pasa".
- "Puta pecadora". Dijo con voz enfática Rodolfo, vestido con su sotana negra y una enorme cruz dorada en el pecho.
- Padre, ¿por qué me dice así...? Respondió con falsa timidez sor Montserrat.
- ¡No finjas! Has traído hombres a mi templo, puta golosa! Dijo a su vez fingiendo el cura.
- No padre, yo jamás...
- Pues no me lo vas a negar, yo he visto los residuos de tu lujuria, ¡pecadora!
- Padre, no... yo, no, bueno, es que... vaya, mire padre... no sé cómo explicarle...
- ¡No tienes nada qué explicarme, te voy a castigar en este mismo momento, desnúdate!
- No padre, no por favor...
- No te hagas la que la virgen te habla, eres una puta golosa.
- Padre, por favor no, no me haga esto...
- ¡Desnúdate!
- Padre no me viole, por favor!
- ¡Desnúdate ya!
- Padre... se lo suplico, bueno, pero que sea por atrás y sin que me desnude...
- ¡Que te encueres!
Sor Montserrat no tuvo más remedio, comenzó a desnudarse. Lentamente dejó al descubierto sus hombros, se percibió de inmediato la suavidad de su piel clara. Luego dejó ver sus pechos turgentes, y dejó al descubierto su abdomen mostrando un tatuaje. Pero hizo una pausa antes de descubrir la parte inferior de su cintura.
Rodolfo mantuvo una mirada neutra.
- ¡Anda putita, ya déjame ver lo que tienen ahí!
- Padre, es que....
Rodolfo o esperó, y le arrancó la sotana.
Abrió los ojos maravillado de la verga de Sor Montserrat. Estaba sin erección, cohibida, temerosa, pero de inmediato Rodolfo, de rodillas, comenzó a mamar el pispiate de la monja.
- ¡Qué suculenta verga! Exclamó Rodolfo, quien hizo una mausa en la mamada para admirar embelesado aquel trozo de carne ya bien dura.
- Comame padre, cómame puto.
El padre Rofoldo hundió su cara en la pelvis de Sor Montserrat, quien disfrutaba la lengua experta del párroco. Sin duda era un experto con pitos en la boca.
- Mama putito, mama padre jotito. Le demandaba la monja caliente.
- Bendíceme el chiquito mamita, dáme verga.
- Acomódate papito.
- ¡Pa´pito, el tuyo!
Se puso en cuatro frente al un gran espejo. Vio Cómo por detrás Sor Montserrat se aproximaba con su vergota dura para dejarsela ir.
Al empezar a metérsela, Rodolfo bien experto comenzó a menear el culo para que la verga de la monja cachonda lo recorriera todo por dentro.
- ¡Ay, ay! ¡Qué rico, qué buena verga puta, métemela duro, así, ay qué rico, dios, dios, dios... este es el cuerpo de cristo, dameloooooooo!
Sor Montserrat se endureció más, casi a punto de venirse, Rodofo, conocedor de vergas dentro lo supo y le pidió:
- Echamelos en la cara, bendíceme con tu verga.
Montserrat le froto la verga dura sobre la cara, y luego, frotándosela por los cuatro puntos cardinales,mientras Rodolfo susurraba, "en el nombre del padre, del hijo, y del espíritu santo..." derramó chorros generosos de semen caliente que dejaron la cara del cura bañada en esperma. Lamió lo que escurría por sus comisuras.
Qué rica leche sor Montserrat, sin duda debería echarle de esta leche al rompope para que quede mejor.
- Jajaja, ¿y usted cree que no lo hago? Es la reserva especial que mejor se vende, jajaja.
... Rodolfo despertó con una sonrisa. Era de madrugada, y el frío del exterior contrastaba con el calor de su cuerpo, el cura tenía una tremenda erección. Vaya sueño tan caliente. No dudó: tenía que hacer realidad esos espadazos de ensueño. Entró al blog de Montserrat y se masturbó viendo cómo la nena pituda se cogía a un mamado con antifaz. Disfrutó la imagen de verle la verga a Montserrat, y se relamía los labios viendo el cuerpo del pasivo.
Aún con su propio semen en la mano tomó su teléfono y marcó a Montserrat.
- "Hola, ¿quién habla?" Respondió Montserrat.
- Hola, soy Rodolfo...
- ¿Rodolfo..?
- Sí, acuérdate, ave María putísima...
- Jajaja, ah, ya, el cura caliente.
- El mismo que se desviste y coge.
- ¿Qué onda caliente?
- Quiero verte, soñé contigo y estoy super caliente.
- ¿En serio, pue soñaste?
- Soñé que eras monja y nos dábamos un atascón.
- Jajaja, qué pinche perverso eres.
- Vente mañana por la tarde, disfrazada. Daré instrucciones a la madre superiora para que te dejen pasar y no tengas mayores complicaciones, te pediré una habitación diciendo que eres visitante del episcopado de Tamaulipas.
- De acuerdo puto, voy a conseguir la sotana con un amigo que vende disfraces.
Al día siguiente, antes de que se cerniera la noche, la madre superiora anunció a Sor Montserrat. mediato Rodolfo ordenó que la hicieran pasar.
Se reunieron en el atrio, y de inmediato comenzaron a fajarse con una enorme cruz montada sobre la pared, como único testigo. Rodolfo metió su lengua en la boca de Montserrat hasta su garganta; ella aba la verga por debajo de la sotana del cura caliente.
- "Qué rico me acaricias putita, sóbamela".
- ¿Te gusta putito?
- Me encanta, que ganas de estar contigo, ese sueño me vino de ganas.
- ¿Tienes ganas de verga papi? Perdón, padre.
- Sí, sabes que me encanta reata.
Se levantaron las sotanas para comenzar a frotarse las vergas, calientes, duras, el contacto piel a piel de glandes y sus troncos los puso a mil.
- Eres un pinche pervertido Rodolfo.
- Sí, me encanta el sexo, es mi perdición, aaaaaahhhhhhhhggggg....
De pronto comenzaron a escucharse campanadas, acompasaron los frotes de verga  ritmo de las mismas. Poco tiempo más se escucharon los rezos de las monjas... La excitación provocada por las campanadas y los rezos, en conjunción con la imagen de Montserrat vestida de monja con las chichotas descubiertas y la vergota bien parada, hicieron q Rodolfo comenzara a venirse, chorreándole la verga a "Sor" Montserrat.
- ¡Ahhhhhhgggg, que rico, dios, qué sabroso!
El semen de Rodolfo mojó el vientre de Montserrat. Ella lo hizo arrodillarse y cumplió su fantasía: Lo bendijo frotandola verga en la cara: "En el nombre del padre, del hijo, y del espíritu santo..."
Cuando Rodolfo abrió la boca para decir: "amén", Montserrat le ensartó la verga en la boca.
Rodolfo comenzó a mamar como becerro. A punto de venirse, Montserrat ´retiró su verga y empezó a frotar en espadazos a la verga semiflácida del religioso.
- Apoyate en esa mesita y para el culo, que te voy a dar mi leche bendita.
Montserrat ensartó duro y de golpe verga en el culo del padre, quien gritó tanto que estremeció a iglesia provocando un largo eco. "¡AAAAAAAAAAAAAYYYYYYYYYYYYYYY!"
Un pasador grueso impidió que las monjas abrieran la puerta.
- ¿"Está bien padre?"
- "¡Lárguense!"
Montserrat estaba taladrando con movimientos frenéticos al cura, que ya derramaba lágrimas pero a la vez se relamía los labios de la verga que estaba recibiendo y le provocaba tanto gozo.
Finalmente Montserrat se vino, al salirse escurrió su leche bendita, la cual le escurría desde el culo hasta los huevos a Rodolfo.
- "Qué rico mi amor, quiero que te quedes a misa mañana, te quiero en primera fila".
Al momento de dar la misa, no dejó de observar a Sor Montserrat. Al concluir la misa, pidió a la madre superiora que le mandara a la monja a su recámara. 

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